Ruta Inti no es una expedición cualquiera: es explorar una nueva manera de vivir, sentir y er; un antes y un después. Esta experiencia ha dejado una huella profunda en mí. Pienso que la Ruta nos hace más abiertos, más comprensivos, más fuertes, más humanos.
En el Amazonas entendí que la Ruta Inti no es solo un viaje: es una sacudida que te cambia por dentro y por fuera. Todo lo que creía saber sobre mí misma, sobre los demás y sobre el mundo se movió allí, entre el barro, la humedad y esa selva que no perdona, pero que también abraza. Cada día era un recordatorio de que estamos hechos para sentir más de lo que solemos permitirnos. Incluso aprendí a disfrutar cosas que antes pasaban desapercibidas: una canción, una brisa, el sonido de las hojas al caer.
Después de tantos años soñando con vivir esta experiencia, estar allí me hizo entender por qué insistí tanto. La Ruta te coloca frente a tus límites, pero también te muestra una fuerza que no sabías que tenías. Te abre la mirada, te ensancha el corazón y te enseña a confiaren los demás de una forma que pocas veces practicamos en la vida diaria. Allí somos uno:
más de doscientas personas apoyándonos y remando en la misma dirección.
Vuelvo con una calma nueva y con la sensación de que algo en nosotros cambió para siempre. Y aunque esta aventura haya terminado, la Ruta sigue viva: en los recuerdos, en las fotos, en las personas que la compartieron y en esas risas que se perdieron entre la profundidad de la selva.

