Testimonio de Mara Fernández

Sobre la nostalgia anticipada

Entre el querer sentir todo como venga y el no soltar nada de lo ya vivido, existe un punto donde cruza la contradicción de echar de menos algo que todavía no ha acabado. El sentir nostalgia por lo que todavía está ocurriendo. Habitar tantos lugares en tan poco tiempo nos mete prisa, nos encadena a querer saber qué es lo próximo y a entender que echaremos de menos lo pasado, y es precisamente en esta ambigüedad del viaje donde aparece la urgencia del añoro, sabemos que esto tiene fin para poder llegar a aquello. No entendemos cómo pero nuestro cuerpo se anticipa, se prepara o no, se avisa a sí mismo de que echaremos de menos esto porque si vivimos un duelo que tendría que ser futuro mientras todavía estamos en el pasado, actúa como colchón blando y amortiguador ese presente en el que aún se está procesando el cambio. Asumir que las cosas ya no serán así mientras siguen igual siempre funciona, sentir esa tristeza arraigada a que algo ya no será igual por el añoro a lo que fue, da igual si mejor o peor. Echamos de menos antes de que toque, pensamos en el banco en el que estamos sentados como un recuerdo metonímico de lo que fue un lugar mientras aún cuelgan nuestras piernas de su asiento, en el monzón que cae como uno menos para dejar de estar bajo ellos mientras nuestra ropa todavía no ha acabado de calarse por completo, observamos las montañas e intentamos grabarlas en nuestra memoria porque sabemos que probablemente nunca más las volvamos a ver, o por lo menos no de la misma manera, y la foto no hace justicia. Podría ser lo más humano que hay, intentar agarrarnos a nuestros propios recuerdos mientras se crean, es el amor por vivir lo que nos empuja a la añoranza por lo que se agota lentamente, que más tarde parecerá haber sido tan veloz. En el fondo sabemos que mucho de lo vivido se acabará convirtiendo en un mota de polvo dentro de una memoria entera, aunque en el ahora no queramos soltar nada. Sentir es crudo, de verdad; el olvido es miedo, la nostalgia es el recuerdo. No dejamos ir, pero llegará un punto en el que lo habremos hecho sin darnos cuenta, y es precisamente el saber que esto ocurrirá lo que nos obliga a llorar la huida de algo que todavía está aquí, no querer que la niebla llegue. Este no es un texto pesimista, es escribir sobre lo humano, una oda a entenderlo. Saber que lo emocional nos acerca, el abrazar el sentimiento sea cual sea, celebrar el sentir amor por lo que vivimos, y dar paso a lo siguiente. Y luego a lo siguiente, y a lo siguiente. Y cuando esa niebla llegue, saber que lo que un día sentimos todavía sigue intacto, aunque ya no nos acordemos de su razón.

¿Necesitas un seguro de viaje?

¡Tenemos un 7% de descuento para ti!

De la mano de nuestros colaboradores de Chapka, que ayudan a que Ruta Inti sea posible.

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles. Si quieres ver más, puedes hacerlo aquí.