Testimonio de Darío Paños

Mientras escribo esta carta, estoy en una playa de Tenerife, a más de dos meses después de que llegásemos a esta maravillosa isla con la Ruta Inti. La linda experiencia vivida con la recién adquirida familia aventurera ha sido un torrente de vida, de energía, de esperanza, un impulso de movimiento. Necesitaba salir de mi pueblito, el cual adoro, pero en el que me estaba sintiendo atrapado, física y emocionalmente. Y con ese impulso pasé de Cañada del Hoyo a Marruecos, después recorrimos la hermosa isla de la Palma, de Tenerife, y ahora mi intención es cruzar el Atlántico en barco y recorrer tierras latinoamericanas hasta encontrarme de nuevo con la ruta en su próxima expedición por Perú y la Amazonía. Veremos cómo se van desarrollando las cosas, estoy ilusionado, pero también sé que todo está en constante cambio, así que trato de vivir el momento presente el máximo tiempo posible. Es bueno tener una dirección que pueda guiar nuestros pasos, si bien la flexibilidad y la aceptación también deben acompañarnos en el viaje para poder adaptarnos a esos cambios con una mente en equilibrio, sin apego, sin rechazo. Y, desde luego, que el mayor regalo no está en llegar al destino, sino en cada segundo de vida, en cada experiencia compartida, en cada latido del corazón.

La Ruta Inti este año me ha dado infinitos aprendizajes, además de ayudarme a conectar con ese aventurero que llevo tan dentro y al que había desatendido, incluso sepultado bajo pensamientos muy oscuros, mensajes internos de rechazo, sufrimientos que me sobrecogieron e incluso me llevaron a intentar suicidarme el día 3 de mayo de 2024. Parece tan lejano ahora, ese instante de extrema desesperanza, y no ha pasado tanto tiempo. Con el inmenso amor que siento hoy me cuesta creer que llegase a un estado donde quitarme la vida fuese la única posibilidad que veía para salir de mi sufrimiento. Para entonces ya había sido seleccionado para participar como monitor en la Ruta, pero en ese momento era incapaz de verlo como una bonita oportunidad, sino más bien como un reto inaccesible, donde iba a fallar, a avergonzarme, a abandonar en el último momento ya que no me veía capaz. Agradezco infinitamente a todas mis compañeras de Campa, con especial mención a nuestro inagotable jefe de expedición, Manu, que, aún sin saber lo que me estaba ocurriendo, me dieron aliento, cariño, apoyo, me dieron mi espacio y me ayudaron a no desistir. Estoy tan agradecido, de verdad, me siento tan bendecido ahora mismo. La vida es muy hermosa y en ella hay muchísimas personas espectaculares y buenas. La Ruta estaba repleta de ellas.

Hay esperanza, y muchísima abundancia alrededor, solo que a veces nos resulta muy difícil verlo. Uno de los grandes aprendizajes que saco de ese intento del que estoy tan contento que fracasase, es que todos podemos llegar ahí, pues no es de repente, si no paso a paso, poco a poco. Jamás creería que podría llegar a hacer algo así. El pensamiento se nubló, la respiración se aceleró y los movimientos se sucedieron automáticamente. Aunque, antes de estar en un lugar tan extremo, ya había muchas señales de alerta. Ahora las veo con otros ojos y con la importancia que merecen. Fui abandonando hábitos que me sentaban bien, me fui alejando de personas que me cuidaban, el discurso interno se fue llenando de reproches, de odio, de culpa y de vergüenza, dejé de cuidarme, de alimentarme bien, de darme amor, de tenerme compasión y comprensión, hasta que llegué a un punto del que me parecía imposible salir. En ese momento, uno de los pensamientos más fuertes, y que estaba totalmente distorsionado, era que mi vida, con algunos momentos escasos de alegría, siempre había sido así, y que lo iba a continuar siendo en el futuro. Nada iba a funcionar, no quedaba esperanza para mí, sobre todo, cuando me despreciaba tanto por ser débil, por hacer daño a personas que quería y no verme capaz de hacer nada para solucionarlo. Por eso, otra de las cosas que voy a cuidar mucho a partir de ahora es mi discurso interno, para nunca volver a ser mi propio enemigo, sino que cada palabra esté envuelta de mucho amor, comprensión y cariño. Son heridas muy profundas las que desequilibran la mente a ese nivel, y solo pueden ser curadas con mucha paciencia, con suavidad y delicadeza, con amor puro e incondicional.

Llegados a este punto también quiero decir que estaba con una mujer en una terapia que terminó siendo nefasta y muy dañina. Hubo luces, pero las sombras fueron terribles. Considero firmemente que tuvo una responsabilidad muy importante en mi intento de suicidio, pues no supo acompañarme, me abandonó, sin ningún atisbo de autocrítica ni reflexión sobre su modo de hacer terapia. Vi en ella una gran falta de humildad y de compasión, dos requisitos imprescindibles para cualquier persona que quiera dedicarse a acompañar procesos mentales y vitales. Necesitaba hacer esa denuncia porque siento mucha rabia dentro por su negligencia, ya veré cómo la voy canalizando. Me estoy dando mi tiempo y mucho amor para ver lo que voy necesitando. Por ahora estoy escribiendo una canción de rap con la que me estoy quedando bien a gusto. Rap como teRAPia. Os comparto un extracto:

» Conectar con la voz como forma de amor,

ahora confío más allá del miedo.

Al fin conseguí traspasar el dolor,

no será igual si caigo al suelo.

Estoy en casa si estoy conmigo.

No volveré a ser mi propio enemigo.

Solo me dirijo palabras de afecto, inicié el movimiento.

Nadie podrá detenerme en mi camino.

Hoy digo claro: ¡Me vas a escuchar!

Tengo la fuerza de mi voluntad,

Y el amor de mi lado, ya despertado,

estoy preparado para cantar.»

Otro de los aprendizajes que saco de esto es que no puedo darle nunca a nadie tanto poder. Entiendo que estaba en un estado de gran vulnerabilidad, pero aun así, no puedo dejar de confiar en mí criterio cuando siento que hacen cosas que no están bien, no puedo permitir que se salten mis límites, que me maltraten. Sé que a veces no es fácil saber cuales son esos límites, o no vemos ese maltrato, ese abuso de poder. Por lo tanto, lo único que me queda es seguir en el intento, en constante evolución, permanecer atento y estar siempre de mi parte.

Volviendo a Ruta Inti, en uno de los interesantísimos talleres entre ruteras y ruteros, casualmente hubo uno sobre prevención del suicidio, y me golpeó bien duro. Recuerdo que una de las cosas que se habló fue sobre normalizar el tema, poder comentarlo, salir de la culpa y la vergüenza, conectar de corazón a corazón y formar redes de apoyo. Romper el silencio para acompañarnos con palabras, con abrazos, con todo el amor que seamos capaces de dar, siempre cuidándonos a nosotras primero para poder ayudar a otras después.

Ese taller me ayudó mucho a salir de ese silencio y contar mi historia, a mi ritmo, cuando me he ido sintiendo preparado y con personas sensibles que pudiesen comprenderme y abrazar mis palabras sin juzgarme. Quiero aprovechar este espacio para seguir haciéndolo. Igualmente, una de mis intenciones al hablar sobre ello es por si puede servir de ayuda a otras personas. Estoy aquí para escucharos si lo necesitáis, os entiendo, estoy a vuestro lado. Toda la alegría y energía que ahora siento la quiero compartir con vosotras, con toda la humanidad, con todo el universo. Por mucho que pueda doler, se acabará, volverá a brillar el sol, la herida irá sanando y el amor volverá a brotar con su inmenso poder. Paso a paso, poco a poco, día a día. Como digo en una de mis canciones, con el bonito título de «Sonríe» (la primera canción puramente positiva que escribí): «y es que a pesar de lo pesado del camino, para sonreír siempre existe algún motivo». Está en Youtube, con un videoclip bien chulo (DKS – Sonríe. Ya que estoy me promociono un poco, que siempre viene bien ;)

En este tiempo en Tenerife fui a una maravillosa ceremonia llamada Búsqueda de Visión, donde algunas personas se van a la montaña a hacer ayuno de comida y agua durante cuatro días, mientras el resto del campamento sirve de apoyo. Comen y beben por ellas, cantan para ellas y les mandan buenos deseos desde un fuego que se mantiene encendido todo el tiempo, que también se utiliza para calentar las piedras de los temazcales. Estuve como apoyo y lo que viví en ese lugar fue muy nutritivo y bello. Todo esto lo cuento porque allí escuché está preciosa canción que viene perfecta para acompañar el mensaje de esperanza que estaba escribiendo antes, y dice así:

» En el anochecer, en el anochecer.

Ay ten presente hermana, que va a amanecer,

Ay ten presente hermano, que va a amanecer.

Y el amanecer trae la claridad,

y el amanecer trae la claridad.

Y ahí verás hermana, tu grandiosidad,

y ahí verás hermano tu grandiosidad.»

Esa experiencia, al igual que la Ruta Inti, son impulsos de vida que se graban en lo profundo del corazón y nos dan fuerza cuando todo pesa. Espero no volver nunca a esos lugares tan siniestros, así que es mi responsabilidad cuidarme con muchísimo amor, meditar cada día, comer rico, pedir ayuda cuando lo necesite, y siempre que me sienta sano y con energía, estar al servicio, compartir mi paz y mi armonía, ayudar a otros a ver la luz tan brillante que ahora ven mis ojos. Toda esa oscuridad que sentía resultó no ser cierta, y es que nunca lo es, aunque lleguemos a creérnoslo. Hay muchísima belleza y abundancia a nuestro alrededor. Porque fíjate, al final fui monitor del increíble grupo 6 (el Equipato), pude ser útil en la expedición, aprendí muchísimo al tiempo que compartía mis aprendizajes e hice hermosas amistades, de esas que, independientemente del tiempo y la distancia, se sienten bien cerca.

Doy gracias por esas conexiones, doy gracias a Ruta Inti por la oportunidad que me dieron de formar parte del increíble proyecto que ya tiene una década de vida y continúa llevando llenando de aventuras y enseñanzas a tantas personas. Por último, quiero agradecer a la meditación Vipassana que me ayudó a volver a mí cuando me perdí, para volver a sostenerme. Está siendo una poderosísima herramienta para desarrollar, tanto para mí como hacía el resto, el amor, a la compasión, la ecuanimidad y la alegría, lo que me permite vivir mucho más ligero y con ilusión. Una de las palabras que repiten mucho en las meditaciones es «Anicca», que en pali significa «cambio». Si la mente tiene presente que todo está en constante cambio, conseguirá vivir en equilibrio ante los vaivenes de la vida. Cuando todo fluya suave sonreirá, sin apego, sabiendo que eso cambiará, y cuando las cosas no vayan como desea también sonreirá, sin aversión ni odio, sabiendo que eso tampoco es eterno. La vida ya es el mayor presente que tenemos y un motivo suficiente para estar agradecidos.

Es maravilloso como las cosas que nutren el alma se conectan, ya que durante la expedición también había un mensaje muy presente que hacía referencia a ese cambio constante de la vida, que decía así: «la Ruta está viva» (como lo estamos nosotras en este mismo instante).

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