Albert Espinosa, en El mundo amarillo, habla de las “personas amarillas”: esas que aparecen en tu vida, te entienden profundamente, te inspiran y te impactan sin quedarse para siempre. No tienen que ser amigos de toda la vida ni familia cercana, pero logran conectar contigo de una forma que te transforma.
En la Ruta Inti, descubrí que esas personas amarillas existen… ¡y llevan camiseta amarilla!
Todavía recuerdo la semana antes de empezar este viaje, en medio de mi momento más hipocondríaco, llamando a María (la coordi de salud) porque me sentía demasiado “de ciudad” para esta aventura. Nunca había hecho nada mochilero más allá de meter una mochila en las medidas de Ryanair.
Y vaya viaje…
Un mes donde las 24 horas de cada día se sienten como muchas vidas juntas. Un mes de soltar lo que me pesaba y darme cuenta de que, en realidad, todo lo que necesito cabe en una mochila… y hasta sobra espacio cuando afrontas el miedo y haces sitio para lo nuevo. Un viaje para salir de mi zona de confort, siempre acompañada y cuidada. Volver a valorar las pequeñas cosas, esas que de verdad nos hacen felices. Mirar con ojos de niña, y hasta disfrutar del proceso de potabilizar el agua. Superarme en cada paso, sintiéndome parte de algo mucho más grande. Explorar mis propios límites y darme cuenta de que muchos son solo mentales. Aquí, la conversación es el mejor entretenimiento y el mejor remedio cuando el cansancio aprieta. Llamar “cama” a mi esterilla y “casa” a cualquier rincón si estoy con mi gente.
Gracias a la Ruta Inti 2024 por cumplir mi objetivo: habéis convertido a una madrileña muy de ciudad en una amante de la naturaleza que ya no quiere visitar ciudades ni llevar maletas.
Y cierro recordando la importancia de cada color en esta aventura, porque aunque el amarillo es el color del sol, no somos el centro del universo:
• Azul, gracias por guiarnos, aunque a veces no me gustara la presión de “¡hueco! ¡Vamos!”.
• Naranja, gracias por cuidarnos en serio: por esa pastilla para el mal de altura, por enseñarme que el barro calma las picaduras de avispa y por responder con paciencia todas mis preguntas random.
• Morado, gracias por documentar cada momento sin usar vídeos de stock.
• Rojo, gracias por hacer que la experiencia se sintiera aún más profunda (antropología ha sido el mejor aula, ¡lo siento!).
• Verde, gracias por asegurarte de que no nos faltara nada, ni un solo sobre de polvos isotónicos.
Nunca me ha gustado el color amarillo, pero en esta ruta he llevado esa camiseta con un orgullo increíble.
P.D.: Escribo esto desde un campamento Scout al lado de un lago de Lituania, preparando la ropa para otro viaje de una semana con solo una mochila de 10L.
¿Madrileña aventurera? Sí, ahora lo soy.

