Chaouen

Alba corre atravesando la puerta que da a la Kashba y allí ve el mareado que debería estar ahí pero no está. Sube dejando tras de sí las casas de aire y agua. El agua de Ras El Ma mancha el ambiente y las casas fluyen y el tiempo pasa y la luna azota los ojos de Alba, asomando entre las montañas del Rif.

Sabe que si corre demasiado se hará más pequeña y el tiempo se hará más lento. Corre despacio, con calma y de frente a sus pies ve unas escaleras blancas y unas paredes blancas y una puerta marrón. Ve como mezcla el tinte lila en un cubo que no está allí y moja la broncha en el cubo y en el tinte lila, ahora azul, y la hace bailar con la pared. Ve las infinitas líneas rectas que forman la superficie de la pared y las recorre, una a una, hasta la mitad exacta.

La última recta la deja con el brazo por encima de su cabeza y desde su brillante Dubhe, cae un Djinn y agarra su mano y la hace girar y caer entre sus brazos. Alba se entrega y el Djinn baila solo pero con ella. El pañuelo de Alba salta al aire tomando vida propia y repta hacia el cielo y cuando el último coleteo muestra una luna estremecida de cansancio y escondiéndose entre las montañas, el Djinn toma a Alba de la mano y se dirigen hacia la puerta marrón. Antes de llegar se separan y caminan hacia la pared, ahora azul, y con la puerta entre ellos, se funden con el agua y con la cal.

Desaparecen cuando la luna aparece.

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