Os damos la bienvenida a esta aventura. Me gustaría, antes de nada, trazar un breve apunte, una introducción, unos cimientos sobre los que construir juntos esta experiencia. Estos relatos diarios, estas crónicas (que así se llaman) son pedazos de una historia incompleta, son una perspectiva, la más amplia posible, de un viaje que conformamos todos, ustedes, los lectores, y nosotros, los viajeros. Ambos recorreremos, de alguna manera, tierras de Castilla y del Quijote y tierras helenas, de cuna de filosofía, de ciencia, de democracia.
Hoy la expedición es sólo una nube imprecisa. Se les ve como gotas de agua, cayendo lentamente sobre el campamento. Dejan sus pesadas mochilas a la entrada, confluyen en grupos, en dinámicas, en juegos, dejan de ser extraños los unos a los otros. Comienzan aquí, en Buitrago, bastión de reconquista, protectora de minas de sales madrileñas. Cuando está expedición termine, en Estambul, en un puente entre dos mundos, todo habrá cambiado. Se releerán estas líneas desde la amistad forjada, desde la transformación de valores.
La noche se cierne sobre Buitrago, y con ella viene el frío, y hasta la lluvia. La expedición termina por refugiarse bajo techo, al abrigo del viento, que aun en verano arrecia. La organización da un breve discurso introductorio, unas guías que marquen nuestros próximos pasos. Los ruteros extienden sus esterillas en el suelo, forman círculos, debaten, comparten ilusiones. Y la luz que sigue encendida, las dos de la mañana y sigue encendida, porque nunca se hace tarde para aquellos que comienzan una verdadera aventura.

