Irene Benito Gómez. Grupo 1.
Irene tiene 22 años, es estudiante de ingeniería industrial y vive en Madrid. Le gusta mirar el mundo a través de los colores y por eso en su mochila siempre hay unas acuarelas.
Suenan los despertares de un gallo ansioso por alcanzar con su canto los primeros rayos amarillos que tímidos deslumbran tras las montañas.
Así son ellos también, deslumbrantes, pues bajo una camiseta amarilla teñida de polvo, sudor y mucho cansancio, también se puede ver en ellos la inmensa alegría de saber que se puede, de haber conocido aquello que para otros tan solo son palabras en una lengua extraña y darle el valor que el majestuoso lugar merece, Choquequirao.
Y mezclado entre todo ello, el tesoro más valioso, el aprendizaje de conocerse a uno mismo, incluso, cuando se fracasa o no se puede; porque es en los limites donde se crece, cuando se entienden, se abrazan y se aceptan.
¿Pero qué pasa con los que no conquistaron la ciudad perdida?
Las historias jamás contarán sus nombres ni tampoco aplaudirán su llegada, pero son ellos los que en secreto descubren que parar también es una forma de caminar. Abrazan las palabras que alimentan esa alma con camiseta amarilla y aceptan que no llegar no es perder es asumir que la aventura continua con un rumbo inesperado.
Ellos son los que verdaderamente pueden describir cómo sonríen las gentes del lugar, cómo transcurren sus vidas sobre un tiempo que baila a otro ritmo, cómo huelen sus hogares y cómo se sienten sus costumbres envueltas en manteles de hilos hechos de tradición. Para finalmente acabar cantando, riendo y danzando bajo el crepitar de un fuego que se alza hasta las estrellas; las cuales son testigos de todas nuestras aventuras amarillas estemos donde estemos.

