Marta Odriozola, expedicionaria de Ruta Inti 2024
Marta vive en Madrid, pero es de Biurrun, Navarra. Ha estudiado comunicación intercultural y organización de eventos. Lo dejó todo hace un par de años para conocer el Sudeste Asiático, y fue en ese lugar donde alguien le habló de la Inti.
6° día de ruta. Como bien sabe Nano, los días son intensos, y por eso se dilatan siendo tan largos como rápidos.
Abrimos los ojos en la terraza de aquel riad, oculto entre las paredes centenarias que forman el laberinto de Fez, y tan solo puedo pensar en lo mágico que es dormir bajo las estrellas de esta ciudad mientras observamos la luz del amanecer encendiendo sus colores. Un día más, recogemos las mochilas que se han transformado en nuestras casas, y nos dirigimos a desayunar rápidamente antes de montarnos en el autobús que nos llevará a nuestro próximo destino.
Todos los momentos de viaje son esenciales para descansar, y tras cerrar los ojos un segundo, nos encontramos en un paisaje de pinos siendo difícil imaginar que estamos en Marruecos. Bajo esas hojas disfrutamos de la temperatura más fresca hasta el momento, haciendo talleres preparados por los ruteros: es en este lugar que, de casualidad, un macaco nos vigila comer desde lo alto de un árbol, haciéndonos conscientes de dónde estamos. Y con las mismas, nos metimos de nuevo en el bus rumbo a Merzouga a través de la ruta transahariana. Rumbo al Sahara.
Paisajes terrosos, oasis verdes inesperados, pueblos camuflados entre las montañas y nosotros en medio, viéndolo todo desde las ventanas. Muchas horas de autobús que empezaban a hacer mella en el viaje, pero la música nos dio esa energía compartida para seguir adelante, sintiendo la magia de la ruta.
De repente, pasando de 0 a 100, nos bajamos del autobús cuando ya era noche cerrada. «Vaciad la mochila y quedaros solo con la esterilla, el saco sábana y agua». Y 5 minutos después, nos adentramos bajo las estrellas del Sáhara en lo que es la primera caminata de esta expedición inteña: sudor, sed, cansancio y magia, belleza, viento en las mejillas. Más de 100 personas juntas, a oscuras y en silencio, en un intento de hacer entender a nuestras cabezas que estamos viviendo esto, cenando juntos en las jaimas, observando las constelaciones que nuestros antepasados usaron para guiarse. Hundiendo nuestras huellas en la arena, hundiendo nuestras huellas en el recuerdo del corazón del Magreb en esta expedición que comienza.
