Edward Estifhen Zuluaga. Equipo de Comunicación.
Tifen tiene 25 años y vive en Marinilla, Colombia.
Hace casi 10 años, estaba en el mismo lugar por el que hoy paso: Cuzco. Paralelo a mí, Karen, mi hermana, estaba próxima a vivir su primera ruta. Ella desde Yucatán y yo desde Cuzco, ambos preparados para vivir una experiencia que nos cambiaría la vida: yo, maravillado por las montañas de los Andes, y ella, llenándose de una sed interminable de aventura que la Ruta Quetzal dejaría en su cuerpo.
Ambos volveríamos a casa unas semanas más tarde con una serie de anécdotas listas para contarnos el uno al otro. Entre esas cosas que teníamos pendientes por decirnos, una nota de ella felicitándome por mi cumpleaños, que guardó mientras ambos caminábamos por caminos distantes. Entre esas palabras pendientes, también estaba la motivación y la promesa de entrar a la Ruta, para que yo pudiera vivir la experiencia que cambió su vida.
Algunos meses después, llegó la noticia de que la Ruta Quetzal desaparecería, ya que su fundador moriría ese año.
Después de esto, asistí constantemente a encuentros de ruteros de Colombia y Latinoamérica, conociendo a decenas de personas que compartían ese espíritu aventurero que la Ruta sembró en ellos o, como en mi caso, que heredé de mi hermana.
Hoy, casi 10 años después, y motivado por un pacto entre hermanos, vuelo a caminar por los caminos de los Andes, esta vez con la compañía de la Ruta Inti, cerrando en sus campamentos un ciclo que inició casi una década atrás, cumpliendo la promesa y la invitación que Karen me hizo.

