Crónica #4: Describiendo lo indescriptible

Víctor Torres, expedicionario de Ruta Inti 2024

Víctor pertenece al grupo 3, se trajo a la ruta un libro de 800 páginas sobre escorpiones, vive en Segovia y estudió en Madrid.

Una montaña rusa de emociones, puede que eso sea la ruta. Describirla es casi tan difícil como no entregarse de lleno a vivirla una vez dentro.

Ayer nos acostamos tarde, con la determinación de que íbamos a cruzas. la frontera, y supe ser capaz de disfrutar el momento pese a un cansancio que ya desde tan pronto comienza a drenarme.

Hoy nos levantamos muy temprano y, sin apenas tiempo para desayunar, nos hemos puesto en marcha, camino hacia una nueva cultura, rodeado de conversaciones interesantes al ritmo de un marcapasos llamado curiosidad.
Conversaciones insaciables y liberarse de prejuicios, acaso eso sea en verdad.

Ya en Marruecos, tras obtener mi primer sello en el pasaporte, hemos sentido el calor dándonos una seca y entumecedora bofetada pero a base de abanicos, resoplidos y agua hemos sobrevivido.

Una conferencia acerca de mujeres que buscan apoyar a aquellas dormidas y mostrarles que hay más oportunidades y caminos, que todo puede cambiar. Y han hecho un gran trabajo pese a la barrera del idioma.

Cambiar sobrevivir por vivir, quizá sea eso…

Después, tras una charla de salud acerca de las potenciales aventuras y desventuras que nos aguardan en el Magreb – «por donde se pone el Sol»- hemos puesto rumbo a Fez.
En el trayecto de bus más largo y caluroso del momento.

Un calor asfixiante, una comida en un suelo hecho de lava y mucho rato invertido en leer, conocer, hablar y tratar de descansar.

Pero, la llegada a Fez… Ha hecho que todo mereciese el sudor y hemos llegado a un Riat – casa típica marroquí – que nos ha acogido en un mundo multicolor salpicado de pinturas y miles de dibujos en patrones y nos han dicho todo sin usar una sola palabra.

Para acabar, hemos conocido algo más de la historia de los Amazigh, la etnia predominante en el Norte de África y después… nos hemos sentado en la oscuridad a hablar, escuchar y mirar el cielo de estrellas verdes, rojas y naranjas que nos ha prestado la ciudad con su arrebatadorá belleza.
Cuando hemos escuchado el llamado al rezo en silencio, he sentido con fuerza.

Cuando hemos escuchado el llamado al rezo en silencio, he sentido con fuerza cómo pisamos un nuevo mundo, uno tan complejo, bonito y lleno de incógnitas como aquel del que vengo.
Hay muy buen clima, especialmente humano, y hemos cenado comida marroquí de una bandeja con abundantes raciones en el suelo del Riat.

Esto no ha hecho más que comenzar, y sin embargo vuelvo a sentir que se ha creado un portal capaz de disolver el tiempo desde que llegamos a Málaga y me puse la camiseta.

Cerraré con un pensamiento y es que no sentía nada en el destino de este ruta que me llamase, pero tan pronto como he iniciado a empaparme de su profundidad, su ritmo, su aventura y su convivencia he comprendido a qué he vuelto.
A descubrir que en tanto recorra el mundo de fuera en ruta, paso a paso, iré colmando de conciencia el que habita en mí.

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