Julia López, equipo de intendencia. Julia tiene 28 años y es de Bulgaria pero vive en Madrid. Es profesora ,trapecista y guía turística en Laponia y ha sobrevivido a una apendicitis en el Amazonas.

Mi gente. Ruta Inti 2025

No sabía sus nombres al verlos llegar,
pero algo en sus ojos hablaba de andar.
De historias distintas, de sueños al sol,
de ganas honestas,
sin trampa ni control.
Entre cerros inmensos y cielos abiertos, compartimos todo: lo justo y lo incierto.
Dolían los pasos, temblaban los pies, pero el alma encontraba razones
que no se ven.
Reímos sin filtro, lloramos sin miedo,cantamos con polvo marcando el sendero.
Nos dimos abrigo sin ser obligación,como si el corazón supiera la dirección.
Algunos venían de mundos muy lejos y ahora los siento más cerca que espejos.
En cada mirada, en cada jornada,sentí que su risa también me cuidaba.
Llegamos con mochilas llenas de ropa, y nos
vamos con mochilas
llenas de historias.
Vinimos buscando caminos, y encontramos personas
que se volvieron hogar.
En esta ruta de polvo y estrellas, donde el cansancio se mezcla con huellas, aprendí que lo grande no está en llegar, sino en quién te acompaña al caminar.

Mi equipo de intendencia, mi casa rodante,siempre firmes, siempre
adelante, trabajando en silencio, con fuerza y calor, sois la base invisible que todo sostuvo con amor.

Manu,maestro de briefings
que todo lo aclara,
Lluna, que a veces parece
borde sin razón,
pero se hace querer más
que un rayo de sol.
Fif y Norma, expertos en abrazos sinceros,capaces de calmar tormentas y miedos enteros.
Nano, con esa sonrisa que alumbra senderos,volviendo más cortos los tramos más fieros.
El equipo de salud,
cuidando hasta el alma,
el de comunicación, guardando memorias con calma,el académico, del que
aprendimos sin medida,
llenando de sentido cada
etapa compartida.
Y el equipo de campamento
llenando de emoción e instrucción cada momento.
Pero esta historia no sería igual sin los ruteros…
Ay los ruteros! ¡qué banda tan especial!
Siempre listos para un juego o un festival.
Si alguien esta triste,
allí están para animar,
y si hay que empujar,
no dudan en ayudar.
Los que cantan en el bus
y rompen el hielo,
los que comparten galletas y
hasta el último caramelo,
los que ayudan a montar
una tienda en segundos,
y hacen de cualquier plaza
el centro del mundo.
Con ellos, cada paso
tuvo más color, y hasta las
cuestas dolieron un poco mejor.
Cuzco y Pisac, con su magia infinita,
Ollantaytambo con colores que brillan,
Machu Picchu, que el alma agita;
Cachora y Choquequirao donde nuestros corazones palpitan,
Santa Lucía, en el Amazonas profundo,
mostrándonos otro modo de ver el mundo.
Las risas en el bus,
los madrugones sin pena,
las canciones improvisadas
en cada escena,
la sopa de quinoa que
no llegaba para todos,
y el cansancio que unió
corazones de todos modos.
No sé qué será cuando esto termine,
cuando el viaje se guarde y el polvo camine.
Y ahora que la meta asoma en la orilla,sé que esta familia nunca se olvida.
Porque la Ruta no acaba al parar,
sino que vive en nosotros,
lista para continuar.

Pero sé que en lo alto, donde fui valiente,fueron ellos mi hogar,
mi fuerza, mi gente…

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