Crónica #27: – Intentar detener el tiempo

Celia Barceló Quiles , monitora de Ruta Inti 2024.

Celia vive en Bilbao y estudió Derecho y ADE en la Universidad de Alicante. Actualmente trabaja en Deloitte. Ha visitado más de 25 países.

Abro los ojos sabiendo que, probablemente, sea la última vez que soy rescatada de los brazos de Morfeo por el sonido de una guitarra y varias voces rasgadas por el sueño.

Me recreo en el calor de mi saco unos segundos y me hago consciente del grito de auxilio que emite por su necesidad de lavadora tras casi un mes de Ruta.

Nos deleitamos en cada una de nuestras rutinas matinales, como los abrazos de buenos días, el deporte y hacer cola en la puerta del baño. Intuyo que el deporte es la menos favorita de las ruteras por su expresión facial cada vez que escuchan la palabra “burpee”.

La leche en polvo del desayuno que intento disolver en agua fría pone a prueba mi estómago y mi paciencia una última vez. A mi alrededor un mar de camisetas amarillas apura los restos de sus tarritos de Nocilla de las raciones militares. Escucho risas y el sonido amortiguado de una batukada sobre los potos metálicos vacíos. Sé que pronto llegará el silencio de mi cocina de nuevo, pero busco la manera de detener el tiempo grabando ese precioso instante en mi memoria.

Un rutero comparte sus galletas con sus compañeras. Más allá, varios se abrazan como viejos amigos y los azules nos juntamos para organizar el día y apoyarnos en el cansancio acumulado.

El amarillo se ha apagado por la suciedad, pero la luz en sus miradas reluce con más intensidad que nunca. Todo el mundo está tan lleno de vida que no puedo evitar contagiarme.

Hoy María intenta prepararnos para el impacto que tendrá pinchar nuestra burbuja y volver a nuestras rutinas previas a la Ruta, pero a ti, que me lees, te aseguro que no será fácil, que estamos saltando sin red y que da muchísimo más vértigo que embarcarme con 130 desconocidas en esta aventura.

En esta última velada, compartimos nuestros talentos y no desaprovechamos la oportunidad de brillar juntas una vez más. La noche es mágica y nos resistimos a volver a nuestro saco tratando de ralentizar la cuenta atrás.

Nada volverá a ser igual que antes porque nosotras hemos cambiado. Nuestra piel bronceada por el sol del Desierto vuelve a una ciudad que quema más que el Sáhara. Quizá a partir de ahora viajemos de una en una, pero, aunque no se pueda explicar con palabras, ya no estamos solas.

Se acaba la Ruta y llega el momento de volver a casa. Aunque a ti, que me lees, te aseguro que yo ya estoy en ella.

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