Lucía tiene 24 años y vive en Almería. Oposita, pasea por la playa y tiene cinco perros.
Hoy nos hemos subido a un Iquitos Express. Con la cabeza por la ventana y el aire golpeándote la cara es fácil olvidarse de la vida en otro lugar. En Iquitos, la selva se abre como agua derramada. Pienso mucho entonces en la luz y en sus circunstancias. En como el sol corta los Andes de una formq distinta a como lo hace aquí.
Hoy hemos compartido un día de talleres con las compañeras de la OEPIAP. Estas nos han abierto las puertas de su casa, una residencia para estudiantes indígenas.
Nos han explicado sus plantas medicinales, los problemas a los que se enfrentan los jóvenes y la discriminación que sufren. Después, algunas ruters han dado talleres sobre emprendimiento, liderazgo y empoderamiento femenino.
Si algo saco del día de hoy es que existe una pulsión humana por descubrir otras realidades. Vivamos en la amazonía peruana o en un pueblo de Almería, existen experiencias comunes que nos impulsan a luchar por un mundo más justo.
Por la noche, de camino al campamento me acuerdo de unos versos de María de Solo Mayor: soy la que busca la ventana más abierta para tragarse el paisaje. Creo que en la ruta existen ventanas diferentes y cada día se abre con un paisaje distinto.
Antes de dormir, viví un momento muy mágico con algunos compañeros, noche temática de cuentacuentos. Allí tumbada en el suelo, con la luz roja del frontal y la voz de alguien contando una historia es difícil acordarse de la vida en otro lugar.
Entonces, un pensamiento cruza mi mente: a 200km de aquí, mi padre cumple 60 años. Si tengo alto de aventurera es por ti, papá.
Con cariño,
Lucía
PD: Un abrazo a mi madre y a mi abuela que sé que me están esperando en casa.

