Naroa Barinaga, 23 años
Volver a vivir la Ruta es un regalo que no doy por sentado, hace dos años tuve la suerte de conocer Yucatán, junto a una familia que se creo entre la selva y el camino Puck. Y ahora, desde el corazón del Amazonas, y después de haber disfrutado y sufrido, casi a partes iguales, los Andes, confirmo algo que sospechaba, y es que ninguna ruta se parece a otra, pero de todas sacas una familia y te cambia para siempre.
Como nos pasó el otro día, que aunque el día prometía, pues despertamos en hamacas sobre un barco que navegaba el Amazonas, al llegar a Pucaurquillo todo cambió. Todo lo que podía salir mal, salió mal, pero eso no nos detuvo ni nos desanimó, sino que nos hizo vivir la experiencia de otra manera distinta, más improvisada, pero disfrutándola igualmente. Porque en la Ruta los problemas no frenan, inspiran a encontrar maneras de afrontarlo juntos, aprendiendo y gozándola. Pues lo importante no es lo planeado, sino lo que se vive, cómo lo vives y con quién lo vives. Porque la Ruta está viva, y nosotros más vivos que nunca.

