Malena Lucas, expedicionaria de Ruta Inti 2024.
Malena vive en Madrid, estudia Astrofísica y juega al rugby.
Entramos ya en el último cuarto de la Ruta, en la última semana. Mañana pondremos rumbo a nuestro último destino, Tenerife; pero hoy nos toca exprimir al máximo el último día en La Palma. Un montón de últimos que en realidad están cargados de primeras veces.
La diana a las 5:00 nos cuesta un poco a todos, los días y la falta de horas de sueño van pesando en ruters y orga. Recogemos a gran velocidad y con toda nuestra casa a la espalda subimos a los buses rumbo al punto de partida de la ruta de hoy. Más dormidos que despiertos en los buses, casi todos nos dormimos, algo habitual en Ruta. Yo digo que es como teletransportarme, me duermo en un punto y aparezco mágicamente en otro. La ruta de hoy la haremos toda la expedición junta, bajaremos por la Caldera del Taburiente y seguiremos el transcurso de un río seco durante 16 kilómetros.
Con el cielo ya aclarando comenzamos el descenso a buen ritmo, rodeados de un paisaje precioso de montañas y vegetación. En la primera parada, Javicho nos recuerda las diferencias entre el desierto y los bosques que estamos viendo. Continuamos nuestro recorrido hasta un río no muy caudaloso en el que hubo gente que metió los pies e incluso se bañó (¡A las 9 de la mañana!). Seguimos bajando entre conversaciones, risas y canciones saltando de un tema a otro. Cada persona tiene algo que aportar y yo, algo que aprender de casa una de ellas. De cine, de botánica, de arquitectura, de viajes, de libros… Los temas nunca se acaban. Los últimos kilómetros se hacen más largos, ya pega el sol, el cual habíamos ido esquivando toda la mañana; y hemos cambiado los pinos y plantas, por un río seco y pedregoso (aunque lo pasamos bien saltando de un lado a otro).
Llegamos al destino antes de lo previsto y nos agrupamos en las pocas sombras que hay para comer algo. Poco rato después, los buses nos recogen y ponemos rumbo a la polideportivo en el que dormimos la primera noche. Allí tenemos un tiempo de campamento en el que lavamos ropa, reorganizamos mochilas, nos duchamos o simplemente descansamos. Nos han dado la buena noticia de que podremos utilizar la piscina así que con el bañador puesto y toalla en mano bajamos a la enorme piscina que tiene el complejo deportivo. La gente nada, toma el sol, hay clase de cómo tirarse de cabeza… A todos se nos hace corto pero a las 18:30 comienzan los talleres de ruteros en los que somos nosotros los que ponemos nuestros conocimientos al servicio del resto de la expedición. Hoy se tocan todo tipo de temas, desde oncología infantil y muerte, hasta cómo se baila la cumbia, pasando por el problema de la contaminación lumínica en La Palma, escritura y locura y sound painting (improvisación vocal).
En la cena se inicia el habitual tráfico y mercadillo de latas. Gente cambiando salchichas con tomate por albóndigas, regalando paté, subastando melocotón en almíbar, preguntando al aire: «¿Alguien sabe qué lleva el B2?». Abrir las cajas es un rasca y gana. Si tienes suerte te tocan albóndigas, atún o fruta en almíbar, si no, tendrás que conformarte con unas judías blancas con chorizo, unos tortellini de cerdo o algún pescado en escabeche (aún no sabemos con certeza lo que es). Aunque ahora pensar en latas nos revuelva el estómago, en un tiempo casi que las echaremos de menos por los momentos que nos dan.
Antes de irnos a dormir, desde equipo académico se plantea una noche temática sobre el poliamor y las diferentes relaciones sexo-afectivas. Se habla a modo de debate bajo la luz de las estrellas y alguna linterna roja de ambiente. El día acaba como siempre, esterilla y saco rodeada de gente que hace 3 semanas eran desconocidos pero con los que sientes haber vivido toda una vida.

