Saúl Martínez Escolar, 19 años. Saúl es estudiante de Fisioterapia y Ciencias de la Actividad Física y del Deporte. Ha tenido diversas caídas graciosas por ir todo el rato mirando los increíbles paisajes de Perú.
Queridísimo lector,
Te escribo desde un barco lleno de jóvenes aventureros, que navega sobre el enorme río Amazonas. Creo que, después de tres semanas de expedición, ninguno de los aquí presentes somos conscientes de todo lo que estamos viviendo. Yo mismo sigo sin creérmelo.
Venimos de 15 días maravillosos, recorriendo los impresionantes Andes. No me paro a hablar de ello porque no tengo tanto papel, que sino… Además, hemos cambiado ya de etapa, estamos en la tan esperada etapa amazónica. Cambia el paisaje, y con él, cambiamos nosotros. Cambia también nuestra ropa, porque vaya auténtico calorazo hace.
Me considero feliz y afortunado de poder compartir esta experiencia, con tantos ruteros, a los que considero ya verdaderos amigos. Estamos admirando unos lugares preciosos, llenos de color, vegetación y, sobre todo, mosquitos, muchos mosquitos. Me gusta el caos, repleto de vida y movimiento, de la ciudad de Iquitos, la cual hemos recorrido en un divertidísimo autobús exótico, y también en motocarro. Nos hemos adentrado en su historia y su cultura, de la mano de una convivencia de dos días con jóvenes estudiantes, procedentes de comunidades amazónicas. Ha sido un intercambio cultural y un aprendizaje muy enriquecedor, pues nos han abierto las puertas a conocer su gastronomía, sociedad, estilo de vida y, especialmente, su danza. ¡Cómo hemos bailado sus divertidas canciones todos juntos, como hermanos! También les hemos enseñado a bailar sevillanas, je, je.
Sin embargo, lo más emocionante estaba aún por llegar. Para ello nos embarcamos en una nueva aventura, esta vez sobre agua. De verdad que me encanta la vida en el barco, pues estamos todos juntos, admirando el gigantesco río, y rodeados de selva bajo la luz de las estrellas. Ahí es donde salen las mejores conversaciones y reflexiones (como la que estoy haciendo ahora mismo).
Por fin, atracamos en una pequeña comunidad, que nos recibe con los brazos muy abiertos. Considero que los peruanos son gente muy educada, tranquila y agradable. En este pequeño pueblo de unos 100 habitantes, pasamos cinco días inolvidables. Nos han acogido en sus casas para hacer cualquier actividad de muy buena gana. Han respondido nuestras preguntas con paciencia, porque verdaderamente son muchas. Se nota que realmente les alegra nuestra visita a sus coloridas casa de madera, rodeadas de selva, al lado del río. Les hemos ayudado en multitud de actividades que nos han dado grandes aprendizajes. Hemos pescado, ido de caza por la noche, cocinado ricas comidas, ayudado en el campo, cultivando o recogiendo. Hemos podido conectar y conversar largo y tendido con ellos. Nos han enseñado su artesanía y su gastronomía, y nos han hablado de su historia y su situación actual. Y es que, aunque parece una experiencia idílica, no podemos olvidar que no somos turistas, sino estudiantes y expedicionarios que queremos ayudar y visibilizar los problemas a los que se enfrentan en su día a día. Son gente dura y fuerte, pues no les queda otra para afrontar el exigente trabajo y las condiciones en las que viven. Dependen, para comer y ganar algo de dinero, de su propia artesanía, caza y agricultura, que realizan bajo el sofocante calor y con sus rudimentarios medios técnicos. No pueden salir de su pueblo, puesto que el poco dinero que ganan no les permite ni para mandar a sus hijos a la universidad (algo que para nosotros, por ejemplo, es la norma general). Apenas reciben ayuda del Estado, y se encuentran aislados y vulnerables. Los juguetones niños nos pedían, incluso, que les llevásemos con nosotros a España.
Han sido una comunidad con personas muy buenas, que nos han cogido muy bien y que nos han hecho reflexionar profundamente. Y es que somos muy afortunados con lo que tenemos, y hay que estar agradecido de ello, porque estas comunidades tienen situaciones y vidas muy difíciles. Hay que ayudarles y dar voz a su situación tanto como podamos, nosotros que sí podemos. Ellos siguen luchando, intentando conservar el legado de sus ancestros, tradiciones, rituales y la lengua que nos han enseñado. Siguen buscando una mejor vida para los futuras generaciones.
Finalizo, pues, mi crónica con esta reflexión, que espero que nos haga pensar y valorar lo que tenemos.
Nos vemos pronto. Un saludo aventureros.

