Mar Gutiérrez Domínguez, expedicionaria de Ruta Inti 2024
Mar vive en Madrid, es parte del Grupo 2, es adicta al fuet y se graduó en derecho de la Universidad Complutense de Madrid.
EN EL FERRY CAMINO A MELILLA.- Mi hermana mayor me enseñó que hay tres formas de querer a una persona: querer por tener, querer por hacer y querer por ser.
El querer por tener (en general en la vida, aunque mucho más en ruta) carece ya de sentido: idílicamente todos tendríamos que haber cumplido rigurosamente con una lista de material y me atrevería a decir que los más envidiados son los que han conseguido cargar menos en la espalda.
En el querer por hacer es en el que más personas pecan, yo la primera. Probablemente por ese aprendizaje que hemos automatizado y nuestra manera sistemática de relacionarnos con las demás y buscar la validación del grupo a través de lo que hacemos en nuestro día a día: somos ingenieras, abogadas, enfermeras, empresarias o hemos estudiado en un lugar u otro. Acostumbradas siempre a ligar la excelencia a lo académico, cuando en realidad, las personas más brillantes y excelentes que la vida me ha puesto delante no son personas que necesariamente destaquen por su desempeño profesional. Por eso, intento trabajar en generar otro tipo de preguntas para conseguir otra calidad de respuestas.
En ruta interesa qué es lo que tanto miedo te da o a quién temes decepcionar; la historia de tu fondo de pantalla o que me cuentes el reencuentro que no paras de imaginar; qué te ha empujado a participar; en quién vas a pensar cuando toques el Toubkal; quién te espera a la vuelta; quiero saber si me esperarías al andar y cargarías mi peso cuando no pueda más; si me dejas sentarme a tu lado a escuchar; el abrazo que te encantaría volver a dar o si te atreves a contar la alegría de tu vida y la mayor de tus tristezas. Y eso, al fin y al cabo, es querer por ser. Y siempre estamos a tiempo de aprender.
Los días aquí no los sientes correr, pero cuando menos quieres, vuelan y se alejan. Espero volver en cuatro semanas con mi cuaderno de viaje lleno de estas ilusiones y desilusiones; haber conocido a personas excelentemente humanas y emocionalmente brillantes y salir con el sentimiento real y transparente del año pasado: me encanto aquí, eso es una realidad. Nada me gustaría más que ser capaz de contagiarlo a los 130 corazones amarillos de los que duermo rodeada mirando al infinito siendo plenamente consciente de la suerte que jugamos.

