Crónica #19: Sobre la incomodidad y la comunidad

María Magdalena del Rosal, 25 años. María es de Granada y es psicóloga. Colecciona tazas en sus viajes para usarlas en el desayuno y recordar cada mañana un lugar distinto

Hace unos días vi una oruga en la noche andina que nació en lo más alto de la montaña. Era de puntos rojos y blancos, aunque de día se viera amarilla. Era larga y parecía ocupar toda la cordillera. La oruga no hacía más que avanzar. Si un puntito se tambaleaba, los de alrededor se paraban, preguntaban y ayudaban. A veces había risas, a veces se pedía auxilio. En esos momentos, ángeles de la guarda anaranjados volaban de un extremo de la oruga a otro como si no sintieran cansancio para que la oruga pudiera seguir avanzando.

Hablo de esta enorme oruga porque no veo a 200 individuos, sino un solo ser. Un ser con manos que alimentan, otras manos que sanan, una cabeza que dirige, unos ojos que verifican que esto verdaderamente ocurrió y unos pies que solo saben avanzar, que dan el siguiente paso porque el de delante lo ha dado primero.

Lo curioso de todo esto es que estamos muy lejos de la civilización como la conocemos y no vemos rastro de la ley de la selva, sino que impera la ley de la colectividad. Hay quien me ha dado barritas energéticas sin saber mi nombre, le he dado gel hidroalcohólico a gente con la que aún no había hablado. Nadie lleva la cuenta ni espera nada a cambio. Yo avanzo porque tú avanzas. El yo se difumina y se convierte en un nosotros.

Ahora, la oruga se adentra en las profundidades del Amazonas para formar su capullo y poder completar su metamorfosis. Para llevar a cabo su transformación la oruga debe meterse en ese claustrofóbico capullo porque para mutar hace falta incomodidad.

A estas alturas todos llevamos calcetines sucios que en realidad son los más limpios, vestimos camisetas mojadas porque es la forma más efectiva de secarlas, el pelo es un estropajo, nuestra cara está constantemente perlada de sudor y del olor de la tienda de campaña prefiero no hablar. Bendita incomodidad que nos mueve y nos conmueve. Bendita incomodidad que nos une más y nos hace reorganizar nuestras prioridades, entender lo que verdaderamente importa.

Esta oruga en constante cambio pronto tendrá que echar a volar. Lo importante es que la mariposa no crea que todo quedó en Perú, sino que migre y contagie lo aprendido en su viaje. Cuando todos esos puntitos se disipen lejos unos de otros no será el fin del camino, sino el principio, el verdadero objetivo de todo esto.

Esperemos que a la futura mariposa no se le olvide de dónde viene, que si aprendió a hacer comunidad en la selva, sepa hacer comunidad de vuelta en la ciudad con la incomodidad que eso conlleve. Esperemos que a la futura mariposa no se le olvide todo lo que llevar allá donde luego irá: solo lo esencial.

¿Necesitas un seguro de viaje?

¡Tenemos un 7% de descuento para ti!

De la mano de nuestros colaboradores de Chapka, que ayudan a que Ruta Inti sea posible.

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles. Si quieres ver más, puedes hacerlo aquí.