Crónica #17: Cumplir años en Puertoprado

Carolina Corredoira tiene 22 años, vive en Toledo y es graduada en Filología Hispánica. Le gusta el teatro y el Aperol Spritz.

Puertoprado amanece y Alberto ya tiene su guitarra en mano para tocar un agradable cumpleaños feliz que da comienzo a un nuevo día en la comunidad cucama. A la par, Jimena nos alumbra con sus conocimientos sobre pilates para activarnos desde primera hora. Ya hace rato que intendencia prepara el desayuno con la perseverancia de quien sabe que sus de sus manos depende el hambre de casi 200 personas. Al llegar, Ana; Teresa; Oihane; Juan y los demás me sorprenden con un sobre de café soluble: el mejor regalo que podría desear y, sobre todo, una prueba más de cómo la ruta se convierte en una familia capaz de hacer hogar a miles de kilómetros de casa.

Energías recargadas para asistir a la charla de nuestro querido Nano, charla que nos ayuda a conocer el sitio que habitamos, a desmentir prejuicios y a preguntarnos acerca del presente y el futuro de la Amazonía. En la línea de comprender y comprendernos, Marina nos deleita con un aula de antropología centrada en los ritos de paso; en el cambio. ¡Nada mejor para un día de transición entre los 21 y los 22! 

La mañana continúa con una actividad de cerámica en la que, con mucho barro de por medio, logramos construir pequeños recuerdos amazónicos.

Dicen que antes de morir hay que plantar un árbol y la ruta nos ofrece la posibilidad de conseguirlo en un entorno único como PuertoPrado. Así pues, algunos ruteros plantamos todo tipo de árboles, con la intención de reforestar la zona y plantar una pequeña semilla que deje aquí nuestra huella. Al regresar, intendencia con cantidades urgentes de espaguetis mientras Mercé comparte conmigo una de sus últimas chocolatinas y Lanz me regala una colección de flores que ha podido recopilar en las comunidades visitadas. De nuevo, la ilusión me invade y me siento afortunada de compartir con todos ellos este día. Por la tarde, los Cucama nos permiten acercarnos a su cultura a través de una muestra de artesanía local en la que se observa la belleza de su trabajo, con piezas tan variadas como pendientes, platos o figuras de tortugas hechas con chambira.  

El día está llegando a su fin, pero la naturaleza no deja de sorprendernos, y mientras nos bañamos en el río Marañón nos regala un precioso atardecer rosa . En la cena los ruteros, a quienes ya me atrevo a llamar amigos, me regalan un bizcocho y soplo la vela pidiendo un deseo. No puedo desvelarlo, pero es fácil de intuir. El día termina con un extenso buzón de Fif y la sensación de haber vivido mil vidas en apenas 24 horas. Por encima de todo, el 13 de agosto de este 2025, se va dejando unos corazones calentitos en un paisaje digno de fotografiar con la memoria. 

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