Claudia Ortega, expedicionaria de Ruta Inti 2024
Claudia vive en el Robledo (Ciudad Real). Estudia filosofía en Madrid y su pasatiempo favorito es hablar consigo misma.
Amanece un día más en la Ruta Inti, estamos en Armed pero este no es un día cualquiera. Mañana nos enfrentamos a uno de los mayores retos de esta ruta: la subida al Toubkal.
El día ha empezado tranquilo y sin presión, algo poco común durante estos días. La razón es obvia, debemos descansar.
Gracias al tiempo de campamento hemos tenido la oportunidad de organizar dinámicas extraoficiales en el aula de antropología donde hemos podido abrirnos con los compañeros y compartir nuestros miedos. Más tarde vivimos la experiencia de los baños de hamal. Es un baño tradicional donde las mujeres y los hombres separados se lavan y exfolian mutuamente. Una experiencia que nunca repetiría.
A la tarde tuvimos tiempo libre y yo lo usé para comprar galletas de chocolate. Cuando se acabó el tiempo libre tuvimos aulas y la charla de Manu para prepararnos para la subida.
Por la noche cenamos pronto y estábamos listos para descansar, sin embargo nos gusta cotillear y compartir experiencias antes de dormir. Ese momento es muy bueno para reflexionar y hacer balance. Es el día once de ruta y nunca imaginé que la vida pudiera cambiar tanto en tan poco tiempo, ni que completos desconocidos se pudieran convertir en familia.
He descubierto el verdadero valor del compañerismo y de la amistad. Es esa energía invisible que nos une y nos permite continuar, aún cuando parece que no nos quedan fuerzas en el cuerpo. Como he podido comprobar durante estos días la mente es mucho más fuerte que el cuerpo gracias a la energía de las compañeras.
La ruta nos pone a prueba en todos los sentidos, nos obliga a enfrentarnos a muchos de nuestros miedos y siempre lo conseguimos. En definitiva: el éxito es romper las barreras internas, no batir récords.

