18 de julio. Día 5: Las islas de los Uros

Si bien nuestro día debía comenzar a las 8:30, mi cuerpo rebelde decidió despertarse a las 6 de la mañana para no seguir durmiendo. Al contrario de lo que muchos pensarían, esas dos horas se pasaron volando; tuve tiempo de ir al baño y lavarme sin hacer fila ni nadie que me estuviese apurando desde afuera.

Fuimos acogidos por una familia muy simpática, que cuando nos fuimos a dormir ellos seguían en pie y al levantarme ya estaban haciendo sus vidas. Fue a ellos a quienes les pedí agua para lavar a las seis y media de la mañana, mientras disfrutaba de la hermosa vista que ofrece el lago Titikaka a aquellos visitantes despojados de sueño. Al terminar eran recién las siete y algo, por lo que en el tiempo restante me dediqué a conversar con la familia y disfrutar de los paisajes, los olores y del balanceo característico de las islas flotantes.

Cuando todos se hubieron levantado, la familia nos hizo parte de la preparación y posterior ingesta de un desayuno típico del lugar, unas masas parecidas a unas sopaipillas mapuches. Mientras desayunamos nos explicaron la historia del lugar, cómo creaban y mantenían esas maravillas del Perú y también sus políticas de gobierno (tienen presidentes).

Más tarde salimos a pasear en bote, recolectar esa increíble planta llamada totora (cuyas propiedades superaban con creces a las del aloe vera) para culminar con un intento fallido de pesca.

Luego de ese impactante paseo volvimos a la isla, momento en el cual las mujeres preparaban el almuerzo y los hombres arreglaban el piso de las casas con la totora recolectada. O eso se suponía que debíamos hacer, yo decidí arreglar la casa mientras otros compañeros pelaban las papas para un almuerzo muy contundente. Luego comenzamos a realizar artesanías en totora, almorzamos, seguimos trabajando en nuestras obras de arte hasta que comenzó a llover y luego a granizar, en ese momento nos refugiamos en el hogar de la familia y tuvimos un primer momento para hacernos amigos entre los ruteros.

Cenamos muy temprano, a las seis, ya que luego debíamos volver a Puno para tomar el bus que nos llevaría durante más de 8 horas hasta Cusco, lugar donde comenzaría la próxima etapa de nuestra aventura por Latinoamérica.

Natalia Paz González G.

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